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receta de pizza con jamón ibérico y rúcula

Pizza con jamón ibérico y rúcula receta casera crujiente

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Hay ingredientes que necesitan muy poco para destacar. Una masa dorada, tomate en su justa medida, mozzarella bien escurrida y unas lonchas finas de jamón forman una combinación difícil de mejorar. Esta pizza con jamón ibérico añade la rúcula y el parmesano después del horneado para conservar el contraste entre la base caliente, el queso fundido y los ingredientes frescos.

La clave no está en cargar la pizza. Está en controlar la humedad y saber cuándo colocar cada ingrediente.

Ingredientes para una pizza ibérica de jamón y rúcula

Las siguientes cantidades permiten preparar dos pizzas finas de unos 28 centímetros, suficientes para cuatro raciones moderadas.

Para la masa casera

  • 300 g de harina de fuerza.
  • 195 ml de agua templada.
  • 3 g de levadura seca de panadería o 9 g de levadura fresca.
  • 6 g de sal.
  • 10 ml de aceite de oliva virgen extra.

Para cubrir las dos pizzas

  • 180 g de tomate triturado.
  • 250 g de mozzarella.
  • 100 g de jamón ibérico loncheado fino.
  • 40 g de rúcula fresca.
  • 30 g de queso parmesano en lascas.
  • 1 cucharadita de orégano seco.
  • Aceite de oliva virgen extra.
  • Pimienta negra recién molida, opcional.

 
No hace falta añadir mucha sal al tomate. El jamón y el parmesano ya aportan un punto salino importante. Prueba el conjunto antes de corregirlo.

Tiempo de preparación activa: 30 minutos
Reposo de la masa: 75–90 minutos
Horneado: 9–12 minutos por pizza
Tiempo total aproximado: 2 horas y 15 minutos
Raciones: 4

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Cómo hacer pizza con jamón ibérico paso a paso

  1. Prepara una masa manejable

Pon el agua templada en un bol y añade la levadura. Mezcla hasta que se reparta bien. Incorpora la harina y remueve hasta que no queden zonas secas. Deja reposar la mezcla durante 10 minutos.

Añade la sal y el aceite. Amasa durante 6–8 minutos, hasta obtener una masa elástica. Puede quedar ligeramente pegajosa, pero debe despegarse del bol y mantener la forma.

Forma una bola, colócala en un recipiente ligeramente aceitado y tápala. Déjala reposar entre 60 y 75 minutos, hasta que aumente claramente de volumen. No necesita duplicarlo de manera exacta.

Divide la masa en dos porciones iguales, forma dos bolas sin apretarlas demasiado y deja que reposen otros 15 minutos. Este segundo descanso facilita el estirado.

  1. Calienta bien el horno

Precalienta el horno a su temperatura máxima, preferiblemente 250 °C, con calor arriba y abajo. Coloca dentro una piedra para pizza, una plancha de acero o una bandeja metálica puesta del revés.

Déjala calentarse durante al menos 30 minutos. Una superficie muy caliente ayuda a que la parte inferior se cocine rápido y evita una pizza blanda en el centro.

Si tu horno alcanza solo 220 °C, la receta también funciona. Necesitará unos minutos más y conviene colocar la pizza en la zona baja durante la primera parte del horneado.

  1. Controla la humedad del tomate y la mozzarella

Pon el tomate triturado en un colador durante 10–15 minutos. Después, mézclalo con el orégano y una cucharadita de aceite. La salsa debe poder extenderse, pero no soltar agua sobre la masa.

Si utilizas mozzarella fresca, córtala y sécala con papel de cocina. También puedes dejarla escurrir mientras fermenta la masa. Este paso parece pequeño, pero marca la diferencia entre una base crujiente y una pizza húmeda.

La mozzarella rallada para pizza resulta más cómoda y contiene menos agua. La fresca aporta una textura más delicada. Las dos opciones son válidas si controlas la cantidad.

  1. Estira la base sin aplastar el borde

Enharina ligeramente la encimera. Presiona una bola desde el centro hacia fuera, dejando un borde de uno o dos centímetros. Después, estírala con las manos hasta alcanzar unos 28 centímetros.

Evita utilizar demasiada harina. Una capa gruesa puede quemarse durante el horneado y dejar un sabor amargo. Tampoco es necesario usar rodillo: al estirar con los dedos conservas parte del aire acumulado en el borde.

Pasa la masa a una pala enharinada o a una hoja de papel de horno si vas a utilizar una bandeja caliente.

  1. Hornea solo la base, el tomate y la mozzarella

Extiende aproximadamente la mitad del tomate, dejando libre el borde. Reparte la mitad de la mozzarella sin cubrir toda la superficie.

Introduce la pizza en el horno y cocina entre 9 y 12 minutos. Estará lista cuando el borde tenga zonas doradas, el queso se haya fundido y la base se sostenga al levantarla.

El tiempo exacto depende del horno, el grosor de la masa y la superficie utilizada. Vigila especialmente los últimos minutos.

Cuándo añadir el jamón ibérico a la pizza

El error más habitual en una pizza de jamón consiste en hornear las lonchas desde el principio. El calor prolongado puede secarlas, concentrar demasiado la sal y convertir los bordes finos en zonas duras.

Saca la pizza del horno y espera entre 30 y 60 segundos. Reparte el jamón sobre la mozzarella caliente. La grasa se templará ligeramente y liberará aroma, pero la loncha conservará mejor su textura.

Añade después la rúcula, las lascas de parmesano y un hilo fino de aceite de oliva virgen extra.

Si prefieres el jamón algo más caliente, incorpóralo durante los últimos 45–60 segundos de cocción. No necesita más tiempo.

Para dos pizzas, un envase de 100 g suele proporcionar una cantidad equilibrada. Puedes utilizar jamón loncheado al vacío o un plato en atmósfera protectora. Elige el formato que mejor encaje con tu forma de conservarlo y servirlo.

Pizza de jamón y rúcula: cómo equilibrar los ingredientes

La pizza jamón y rúcula funciona porque mezcla temperatura, grasa, salinidad y frescor. Aun así, es fácil romper el equilibrio si se añade demasiado de todo.

No cubras completamente la pizza con jamón

Deja pequeñas zonas de mozzarella visibles. Así, cada bocado cambia ligeramente y el jamón no se convierte en una capa compacta.

Aliña la rúcula con moderación

La rúcula debe estar seca. Puedes colocarla directamente o mezclarla antes con unas gotas de aceite. No añadas sal: el jamón y el parmesano suelen ser suficientes.

Utiliza el parmesano como acabado

Las lascas finas aportan profundidad sin ocultar el jamón. Si utilizas demasiado parmesano, la pizza de jamón y rúcula puede quedar excesivamente salada.

Corta la pizza antes de añadir toda la rúcula

Puedes cortar la base al salir del horno, colocar después los ingredientes fríos y servir inmediatamente. De esta forma, las hojas no se aplastan ni se arrastran con el cortapizzas.

Alternativa rápida con una base de pizza preparada

También puedes hacer esta receta con una base refrigerada o una masa fresca comprada. Sigue la temperatura y el tiempo indicados por el fabricante, pero mantén el mismo orden:

  1. Escurre el tomate y la mozzarella.
  2. Hornea la base con ambos ingredientes.
  3. Añade el jamón ibérico y la rúcula al salir del horno.
  4. Termina con parmesano y aceite.

Esta versión reduce mucho el tiempo de preparación. El resultado dependerá más de la calidad y del grosor de la base, pero conserva el punto más importante de la receta: no resecar el jamón.

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Tres variaciones de pizza ibérica que funcionan

Pizza ibérica con tomate cherry

Hornea la base con mozzarella y unos tomates cherry partidos por la mitad. Añade el jamón y la rúcula al terminar. Usa pocos tomates para no añadir demasiada humedad.

Pizza con jamón ibérico, burrata y rúcula

Hornea la masa con una capa fina de tomate, pero sin mozzarella. Al sacarla, distribuye la burrata escurrida, el jamón y la rúcula. Es una versión más cremosa y conviene servirla enseguida.

Pizza de jamón, rúcula e higos

Añade higos frescos en cuartos después del horneado. Su dulzor contrasta con el punto salino del jamón. Esta variante tiene más sentido cuando los higos están de temporada.

Errores que pueden estropear una pizza con jamón ibérico

Usar una salsa de tomate demasiado líquida. La humedad se acumula en el centro y dificulta que la masa quede crujiente.

Añadir demasiada mozzarella fresca. Más queso no siempre significa mejor pizza. Si libera agua, ablanda la base.

Hornear el jamón durante diez minutos. Pierde parte de su textura y puede quedar excesivamente salado.

Poner la rúcula antes de hornear. Las hojas se marchitan y pierden su frescor.

No precalentar la bandeja o la piedra. La parte superior se cocina antes de que la base tenga tiempo de dorarse.

Sobrecargar la masa. Una pizza fina necesita una cobertura ligera para cocinarse de forma uniforme.

Preguntas frecuentes sobre la pizza con jamón ibérico

¿El jamón ibérico se pone antes o después de hornear la pizza?

Es preferible añadirlo después del horneado. El calor residual templa la grasa y potencia el aroma sin secar las lonchas. Si lo quieres más caliente, colócalo durante el último minuto.

¿Qué queso combina mejor con el jamón ibérico?

La mozzarella funciona bien como base porque funde sin dominar el conjunto. El parmesano se utiliza en poca cantidad al final. También puedes sustituir la mozzarella por burrata escurrida, añadida después del horno.

¿Se puede hacer una pizza de jamón y rúcula con masa comprada?

Sí. Hornea la masa siguiendo las instrucciones del envase con el tomate y la mozzarella. Incorpora el jamón, la rúcula y el parmesano cuando la base ya esté cocinada.

¿Cuánto jamón necesito para una pizza?

Para una pizza de unos 28 centímetros suelen bastar entre 40 y 50 gramos de jamón loncheado. Con 100 gramos puedes cubrir dos pizzas sin ocultar el resto de ingredientes.

¿Cómo recaliento la pizza sin estropear el jamón?

Retira la rúcula y, si es posible, las lonchas de jamón. Calienta la base en horno o sartén y vuelve a colocar los ingredientes al final. El microondas ablanda la masa y calienta el jamón de manera poco uniforme.

Una buena pizza con jamón ibérico no necesita una lista interminable de ingredientes. Una masa bien horneada, poca salsa, mozzarella escurrida y el jamón añadido en el momento correcto son suficientes. En Lonchemur puedes elegir el formato loncheado que mejor se adapte a la receta y abrir únicamente la cantidad que vayas a utilizar.

Administración y Pedidos en Lonchemur
Andrea Cánovas García forma parte del equipo de administración de Lonchemur, donde también está al frente de la elaboración diaria de los pedidos de bocadillos para empresas que recogen en nuestras instalaciones. Esa cercanía diaria con el producto ibérico es la que traslada a las recetas que publicamos en la web: combinaciones pensadas y probadas en nuestra propia cocina antes de llegar a tu mesa.
Andrea Cánovas García

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